Graciela Licciardi

Página Oficial de la Narradora - Poeta - Ensayista y Dramaturga

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Gustavo Tisocco

Habitar lo que nos pasa, lo que nos duele, lo que hace que sigamos el camino parece ser una función primordial en el poeta.

Graciela Licciardi habita en su poemario “LUZ DE FONDO” que es como un legado, un alarido, es brindarse, estar presente, es sangrar en cada verso.

Es a su hijo Fernando a quien la poeta dedica esta obra y no es casual que ella diga “no te apures hijo mío que la vida ilumina/madre soy en tu existencia y te digo/ correrás en feliz vuelo”. En este verso premonitorio pareciera que la autora invitara a incorporarnos en la atmósfera fresca y melancólica que transita el poemario, porque solo la magia de la buena poesía hace que el lector se sumerja en lo que lee y se identifique sintiéndose esencia del texto.

Pasamos por “Luz de fondo” por diferentes estados, diría más bien diferentes puntos cardinales que nos mostrarán a Graciela alta o baja, tenaz o vencida, nostálgica, sensual, vital o moribunda pero siempre será ella quien, desde su propio centro, se deja entrever en esta obra.

Una de esas etapas esta representada en FONDO DE CÁSCARAS donde la autora es sobre todo mujer. Ella dice “vivir de lluvia en el medio del tiempo morir de tanto ser mujer y de reptar por la vida aplastando el deseo” y es ella que se entrega sin preámbulos, sin miedos, que sabe que el ahora es lo que importa cuando leemos “tu lengua me arruina la tristeza y hay una luz de fondo que apaga el miedo” también se  muestra voraz y eróticamente malvada, con esa maldad que inflige el más alto placer, nos dice entonces “esta mujer que habita mi cuerpo destila un elixir asesino para el más enamorado” además abrumada por las pérdidas aparece la Graciela cotidiana que dice “nos quedó muy poco de lo poco que quedaba” o “no somos tantos ahora vamos quedando unos pocos en la hilera familiar de la foto” y parece que la pérdida del deseo, de la infancia, de los seres queridos lastiman a la poeta y es un dolor que transmuta y transmite al lector la añoranza, siempre presente en este bello poemario.

Después transitamos por  BAJO FONDO y es en este espacio que la autora habita la muerte, la enfrenta, la transgrede cuando dice “ahora las estrellas arañan mi vientre pero sólo hasta el cielo infinito” o “muero el cada día y la noche es una lánguida agonía de soles”, pareciera que aflorara desde este Bajo Fondo el deseo de permanecer indemne y se escucha como un grito al leer “toda una vida esperando el rescate”. La poeta sabe de la muerte pero pareciera encontrar la llave que la lleva a otros rincones, a otros espacios donde todavía la vida persiste gloriosa y magnífica pese a todo.

Luego OBJETOS DE FONDO donde entre otras atmósfera sobreviene la infancia propia y ajena, la de los seres que amamos y han entornado sus pasos , así leemos esta metáfora “los juguetes de los chicos que ya son hombres esperan la recompensa de estar en otras manos” versos de extrema melancolía, exquisitos. Es en esta parte donde tienen mucho significantes la ternura y esperanza Graciela dice  “velita de noche que encendió memorias y no dejó de arder por suerte todavía” y aquí el optimismo por el tiempo venidero parece quebrar con antiguos fantasmas, presente donde creo no queda ni siquiera lugar para la resignación o la duda al decir “el florerito con rococós incrustados sonriendo al ser recordado por la suave mirada de los niños” y son esos niños el futuro en que la poeta proyecta la vida.

Después en HISTORIAS DE FONDO Graciela parece querer plasmar vivencias y anhelos de lo que nos rodea, de seres que habitan nuestro mismo espacio haciendo que fluya la PALABRA.  Leemos “nada de comer en ese día sólo una botella que deshace el olvido” o “le detectaron cáncer en medio del romance” y parece que lo cotidiano se reflejara en nosotros mismos identificándonos y la poeta aparece como encargada de plasmar el instante inmortalizándolo de la manera más fresca, más genuina, aunque lo que inmortalice duela y lastime. Es aquí donde la poesía se torna por momentos denuncia, desgarro y donde lo social no pasa desapercibido para la autora y lo muestra, lo grita tratando quizás de abrir miradas, de hacernos percatar de nuestro entorno.

Por último CUERPO DE FONDO y es dónde vemos, desde el más puro lirismo, desnudarse por completo a la poeta, dice “la espera es un puente lánguido que se abre a la derrota” o “ahora que el tiempo esta hecho de palabras que peco de blasfemia” y pareciera que hay una despedida, un presagio, un resignado destino, pero Graciela eleva sus brazos, renace a su vez cuando leemos “rescatemos tu vientre y tus manos” o metáforas como “volver del polvo ardiente de las armas” “todo es fuente de mí aunque perezca en el intento una opaca joya que reluce en lo más hondo” pero es en la PALABRA que Graciela encuentra su victoria cuando se percibe entera al decirse/decirnos “la palabra me redime de la hipocresía por eso escribo soy Poeta”.

LUZ DE FONDO un libro para identificarnos, para hacer de sus etapas nuestras propias vivencias, para percatarnos del afuera, del adentro, para extasiarnos desde la metáfora soberbia.

Un libro a su vez homenaje a tantos poetas, que con sus epígrafes, parecieran estar habitándolo.

Un libro destinado a perpetuarse por ser alta poesía, vida y reflejo-

Gustavo Tisocco (Poeta - Neonatólogo)