Proyecto Borda.

Por Graciela Licciardi

Crónica

  • El día miércoles 18 de Marzo de 2009 a las 10 hs nos reunimos con el  Ricardo Picasso, Vicedirector del Hospital Neuropsiquiátrico Tiburcio Bordaquien nos invitó a pasar a la sala de Reuniones construida desde los inicios del Hospital y nos sentamos a la mesa redonda que ha recibido a ilustres Doctores de la salud siendo este un marco muy acogedor e histórico.

A dicha reunión asistimos Cristina Pizarro, Graciela Bucci y Graciela Licciardi en representación del Grupo A.L.E.G.R.I.A siendo recibido por el Dr. Picasso, antes mencionado y por el Dr José Martinez Ferreti, jefe de TERAPIA A CORTO PLAZO – SALA DE MUJERES.

Después de departir sobre la problemática actual en que se encuentra el Hospital, carente de total apoyo estatal, donde hay 800 internados de género masculino y en el 3er piso funciona esa única Sala de Mujeres, la que en cuestión es nuestro propósito frecuentar para la Actividad que fuimos a proponer, les fue expresado nuestra fundamentación, basada en la lectura reparadora y que nuestro objetivo es el de contribuir, colaborar con el equipo de salud, (ya que no somos profesionales en el tema) sino desde la literatura por medio de una actividad recreativa para favorecer la inserción en la realidad de las pacientes internadas en la Sala.

También le hemos manifestado, en esa reunión, que nuestras Actividades consistirían en : lectura y comentario de textos, producción de textos (cartas), utilizando la Metodología de selección de textos literarios, ofreciéndoseles algunas consignas disparadoras para la escritura.

Para ello desarrollar la Dinámica de Trabajo dando la bienvenida, intercambio grupal, introducción preparatoria, momento de lectura y comentario y por último que nuestra frecuencia de visitas sería mensual, acordando el segundo martes de cada mes en horario de 10 a 12 hs.

Luego quedamos con el Dr Ferreti en asistir en el mes de Abril directamente a la SALA DE MUJERES donde nos presentaría al Lic. Víctor Aganirakasato, encargado de la Coordinación Terapéutica de dicha Sala.

 

  • El 28 de Abril de 2009 nos reunimos en el 3er Piso del Hospital Borda en TERAPIA A CORTO PLAZO – SALA DE MUJERES, donde fuimos recibidas Cristina Pizarro y Graciela Licciardi por el Dr José María Ferreti quien nos presentó al Lic. Víctor Aganirakasato.

Después de conversar sobre los lineamientos generales expresados en la reunión anterior, le manifestamos al Licenciado que nuestro propósito, además es efectuar una evaluación del proyecto y reajustes a través de registro de los encuentros, reuniones de reflexión, informes.

El Lic. Víctor nos manifestó que hay alrededor de 25 pacientes con internación continua, que existen diferentes patologías, cuadros de psicosis de diversos estadíos, todas las pacientes carentes de afectos, la mayoría depositadas por sus familiares y abandonadas por los mismos, pero que ninguna tiene características de peligrosidad.

Acto seguido nos invitan a pasar a conocerlas, algunas de ellas estaban ausentes realizando talleres de pintura, etc. Nos sentamos todos alrededor de dos mesas unidas con la presencia, además del Lic. Víctor de estudiantes en Psicología que asisten regularmente a la Sala.

Nos fuimos presentando y cada una de las pacientes dijo su nombre, los cuales registramos en esta Crónica: Estrella, María Esther, Dora, Graciela, Adriana, Diana, Norma, Olivia, Isabel, Mercedes; María Juana, Nélida, Liliana, Cristina.

Les preguntamos si les gustaría que las visitáramos y si gustaban de la lectura de poemas y narraciones, como así también hacer cartas. Las respuestas fueron afirmativas y estimulantes. Alguna paciente dijo por qué no íbamos por la tarde porque es en ese horario cuando más se nota la ausencia de visitas.

Ese día se produjo un acercamiento muy importante despertando la expectativa de muchas para la próxima visita formal.

 

  • El Martes 12 de Mayo nos presentamos Cristina Pizarro y Graciela Licciardi a la Sala de Mujeres. Primero llegó Cristina, hubo cierta desorganización, la recepcionista del pabellón no estaba enterada de nuestra visita. Luego comenzó la reunión. Cristina había preparado la etimología de los nombres de cada una de las mujeres que fue leído en voz alta y entregado a cada una. Hubo otras que se agregaron ese día y el significado de su nombre surgió espontáneamente y se les escribió en el momento, así quedaron conformes.

Entre todas tratamos de encontrarle un nombre al Grupo; ya había quedado flotando de la vez anterior la palabra “mariposa”. Muchas dijeron amor, sinceridad, paz, finalmente alguien nombró los pájaros que son libres y se pensó en el picaflor. El grupo quedó con el nombre de “La mariposa y el picaflor” (símbolo de lo femenino y lo masculino) (de la transformación de lo feo a lo bello, de la libertad y del color)

Se les repartió como consigna para la próxima clase un sobre y una hoja rayada oficio para que escriban una carta o lo que ellas desearan.

Más tarde se procedió a darles una hoja y una lapicera de regalo. Se leyó un poema de Cecilia Glanzmann donde se hacía hincapié en la metáfora: “es tiempo de espigar” con la consigna que cada una escribiera lo que esa imagen les transmitía.

También Cristina Pizarro llevó alredor de 70 libros aproximadamente para formar una biblioteca para ser consultada ,para la lectura de las pacientes. Unas querían poemas de amor, otras narrativa, otras libros de autoayuda mencionando “Tus zonas erróneas”.

Luego recogimos los escritos. Algunas manifestaron estar nerviosas y no tener ganas de pensar en lo que le pedimos; sugerimos que escribieran eso mismo que les estaba ocurriendo.

Para nuestra sorpresa leímos en voz alta cada escrito. Uno solo tuvo que ser leído por la autora ya que su letra era ilegible, en el mismo, Mercedes manifestaba que era el tiempo del amor y de amar a las espigas.

Otra paciente, como ella se tituló: Profesora Claudia Goldenberg escribió: Llegó la hora de considerar la siembra de mi vida, en todas las áreas….Poder llegar a tener la dicha de tener el amor de Peter o de Matu y de llegar a cobrar mis derechos y lo de los míos también y cosechar la siembra material…Pido a Dios que salga el bien, la verdad, justicia, sabiduría, sin violencia, paz…Que me liberten y ayuden…. Pido a dios que me saquen la medicación psiquiátrica……Espero recibir lo mejor porque he dado lo mejor. Pido salud, dinero y amor…Que no me llenen con médicos y psiquiatras……El amor verdadero en todo….

 

Adriana escribió: Espigar: Como las espigas nosotros crecemos y nos hacemos fuerte. La espiga se dobla, pero no se quiebra.

Graciela Montini escribió: Tiempo de espigar: Tiempo de soñar con la libertad, de salir libre de estas cadenas que me atan. Tiempo de volar.

Rosa González escribió: No me siento bien ya hace 3 años pero yo lucho y pongo ganas yo no quiero estar para siempre quiero ser como una paloma libre yo quiero estar con mis hijos y nietitos para disfrutar y vivir la vida de la mejor posible.

Estrella escribió: No puedo explicar nada de tiempo de espigar porque estoy muy nerviosa para prestar atención. Espero sepan disculparme.

María Juana escribió: Es tiempo de espigar = es el ideal de cada uno tratando del ideal, me siento mal porque hoy tengo diarrea, pero lo importante es que mis hijos se sientan bien y estar con sus obligaciones y pronto me vengan a visitar y espero me saquen a pasear ya pronto y creo que se sientan bien y cumplan con sus obligaciones.

Cristina escribió: Hospital Borda mundial 1984 – El tratadito del ejército de salvación – No podrá el enemigo dañar a nuestras almas porque hay victoria de Jesús Dios Santo Amén – enamorados de Jesucristo – Porque Vida te estamos buscando – ángeles en tus tumbas – Trompeta de Dios – Abuela Elvira – Los testigos de Cristo – Versículo – Cristo Redentor Padre Pablo – Judías judíos – Pastores – Multicanal al servicio de la Comunidad.

 

En un futuro estos manuscritos serán analizados con el correspondiente apoyo de los terapeutas.

Quedamos en realizar la próxima visita el 9 de junio a las 10 hs

Nos gustaría además conversar nuevamente con el Lic. Víctor para aclarar algunos puntos, por ejemplo:

 

  1. ¿Qué visión tenemos de la institución en general y de la sala en particular?
  2. ¿Podríamos delimitar nosotras alguna situación problemática como eje del proyecto?
  3. ¿Qué diagnóstico podríamos hacer de la realidad inicial con respecto de las pacientes, el entorno, sus intereses, necesidades, competencias con respecto de la lectura y escritura?
  4. ¿Cómo vamos a definir el plan de las acciones a seguir?
  5. ¿Cuál será nuestro rol?
  6. Convenir en que se anuncie de antemano nuestra visita mensual.
  7. Se les proporcione libros para su lectura.
  8. Determinación de consignas pautadas con antelación que les permita algún tipo de concentración para poder expresarse.

 

 

También queremos manifestar la necesidad de mayor intercambio con el equipo de salud para obtener mejores logros pero que con una frecuencia mensual para nosotras se hace casi imposible.

Una tarea profesional requiere de una intensa dedicación y un carácter interdisciplinario.

SEMINARIO: Literatura y enfermedad.

Por Graciela Licciardi

El propósito de la siguiente ponencia tiene por objeto establecer la relación entre literatura y enfermedad, producto resultante del Seminario que realizáramos varios componentes con la Profesora Cristina Pizarro en la que hemos visto cómo muchos autores han tomado como base el motivo de un padecimiento, ya sea físico o mental para desarrollar una narración, basados en fundamentos sólidos otorgados por la medicina, momentos histórico-sociales y cualquier otro elemento que contribuyera a la escritura.

En virtud de haber elegido dicha temática, hemos advertido que se ha abordado desde diferentes puntos de vista y que, a partir de diferentes factores sociales, políticos, ambientales, económicos y tecnológicos fueron apareciendo múltiples enfermedades a lo largo de la historia de la cultura.

Nuestra ocupación ha sido analizar el desarrollo de cada narración , las descripciones que cada autor eligiera para describir la enfermedad y además hicimos hincapié en analizar la manera en que dicha enfermedad inside en los personajes escogidos, el carácter que les es impreso, el tratamiento designado , la forma de aceptar las dolencias y el enfrentamiento con la muerte en algunos casos.

En este caso he tomado como base el planteo de Susan Sontag, La enfermedad y sus metáforas, que hemos visto en el Seminario y fue nuestro punto de partida, en la que ella rastrea rasgos característicos de la tuberculosis, especialmente en el padecimiento de los escritores del Romanticismo y, luego, las características del cáncer que ella misma padeció por tres décadas.

TÍTULO DE LA PONENCIA:

Boquitas pintadas de rojo carmesí

de Manuel Puig

¿Cuál es la verdadera enfermedad en Boquitas pintadas?

En Boquitas pintadas, Folletín, así lo titula Manuel Puig, una novela por entregas, propia del mundo femenino, el autor transgrede los códigos del género y lo transforma en una novela de vanguardia.

El autor publica esta novela en 1969, un período contradictorio de cambios diversos, el pop art, el camp y el kitsch, cambios violentos, transgresiones, originalidad, consumo, represión, masificación y lo aplica metamorfoseado en el contexto de un pueblo de la década del treinta produciendo así un extrañamiento fascinante que cautiva a los lectores. (1)

Puig exalta esas contradicciones en los personajes, desnuda las significaciones más íntimas y causa un efecto de distancia y acercamiento a la vez que magnifica la esencia de un discurso escritural que lo diferencia de muchos autores contemporáneos a él.

El período temporal que abarca la narración va desde 1935 a 1968. Esta novela escrita como “folletín” en 16 entregas, que, como en los radioteatros de la época, se hablaba permanentemente de lo prohibido a través del ocultamiento y la simulación, y, en este anverso y reverso de la envidia y de la hipocresía, las mujeres seguían apasionadamente estas historias pendientes de la “entrega” del próximo capítulo. El folletín en su fórmula tradicional incluía: lenguaje popular, caracterización sumaria de los personajes, esquematismo de situaciones, desarrollo cronológico lineal, intriga, amores y traiciones melodramáticas, tensión creciente al final de cada entrega. (2). Tal es el propósito de Puig de darle esta estructura a Boquitas pintadas, para ponernos en situación de época.

En dicha novela se aborda directamente el tema de la tuberculosis como enfermedad puesta en relieve; ya desde el comienzo, en las primeras líneas leemos la necrológica del personaje principal, Juan Carlos Jacinto Eusebio Etchepare, que fallece a la edad de 29 años el 18 de abril de 1947. Recordemos que en 1900 el 97% de la población de Europa occidental presentaba lesiones tuberculosas y la mortalidad alcanzaba cifras de 200 por cada 100.000 habitantes y año. Recién entre 1943 y 1951 el descubrimiento de fármacos cambió radicalmente el pronóstico y la epidemiología. En 1960 sólo un 60% de la población mundial presentaba lesiones tuberculosas y la mortalidad por esa causa se había reducido a 10 personas por 100.000 habitantes y año, no obstante el volumen global de enfermos tuberculosos en el mundo alcanzaba la cifra de 15 millones (3)

¿Pero es, en realidad, la tuberculosis, la verdadera enfermedad en esta novela?

A lo largo de la misma vemos la decadencia que va sufriendo el cuerpo de Juan Carlos Etchepare, la imposibilidad de comer, los ahogos, el calor excesivo, la sudoración, aunque también advertimos que el personaje siempre juega con su salud, se tienta con el cigarrillo sabiendo que no debe fumar, hace caso omiso a las recomendaciones del médico a quien no visita sino esporádicamente, etc.

La correspondencia epistolar de las primeras entregas representan la importancia de la mirada del otro, es decir, la narración de hechos sucedidos que a simple vista pueden parecer una cosa pero entonces el objeto de observación sufre un cambio según el sujeto narrado, lo que se llama el narrador testigo o a la mejor manera de Jorge Luis Borges se expone, en esta novela, la impronta que uno es el recuerdo de su propio recuerdo.

Todos los personajes de ese pueblo, Coronel Vallejos, son negadores de la verdad: la tuberculosis circundaba sus vidas, Juan Carlos lo sentía, cito: “la humedad y el frío hacían brotar musgo en sus pulmones”,(pág.87), la aparición de manchas en los pulmones en una placa radiográfica, el informe del Dr Malbrán, que en realidad fue un gran Tisiólogo de Argentina, en la actualidad existe el Instituto Malbrán en su homenaje.

Nené, la madre de Juan Carlos, Mabel, la viuda, no dimensionan la gravedad del caso, aunque por otra parte se menciona que “pescarse una tuberculosis era fácil”, de todos modos no se tomaban los recaudos necesarios a tal fin.

La novela está teñida de muerte desde el comienzo al fin, primero las Boquitas pintadas serán de rojo carmesí, luego se tornarán violáceas, se habla de cremación y con ello de la desintegración del ser, de nichos, de la sepultura, de gusanos, de putrefacción, de despojos, de osario, de huesos pelados, de fosa común, entre otros términos.

Juan Carlos es el antihéroe, el jugador, mujeriego, haragán, inculto, que ni siquiera puede hacerse cargo de su tratamiento en las sierras por falta de dinero y por deudas contraídas y que, sin embargo, tiene esa crueldad de “atacar” sexualmente a una niña para sentir su poder viril. Podríamos afirmar también que tal vez, este personaje sea un estereotipo del Don Juan de la tradición literaria, personaje literario, encarnación del hombre conquistador de mujeres, dominado por el afán de seducir al mayor número posible de seres del sexo femenino y de hacer ostentación de sus éxitos.. Al período del romanticismo español pertenece el famoso Don Juan Tenorio, de Zorrilla, popularización del mítico seductor (4)

Hasta aquí ha sido descripta la situación narrativa de la novela, entonces nos volvemos a preguntar: ¿cuál es la verdadera enfermedad en Boquitas pintadas?

Se podría considerar que el estado físico y anímico del personaje es un reflejo de lo social, allí se contraponen el lujo y el esplendor de las grandes tiendas de esa época, en buenos Aires, por ejemplo, con la pobreza, la incertidumbre y la descripción del sometimiento de los obreros y empleados de ese tiempo, en Coronel Vallejos, en este caso. Las amplias descripciones de los enseres que se utilizaban, el álbum de fotos, el ambiente del hospital, los alaridos, todo contribuye a la desolación y constituyen elementos de una época triste, melancólica, con sueños y ambiciones aniquiladas.

El autor marca en algunos personajes esa ansiedad y deseo latente de llegar a Buenos Aires a punto de compararla con la París elegante y suntuosa y en contraposición, la frustración por no lograr rápidamente poseer alguno de los muebles que deberían tenerse para marcar la “diferencia”, por ejemplo o cualquier otro signo que denote un mayor status. Podemos afirmar, además, que la impersonalidad u objetividad, como también el ocultamiento de la verdad, producen sensación de angustia en el clima de la novela.

El hecho significativo de que cada entrega lleve un epígrafe, la mayoría de ellos de letras de Le Pera, donde el clima de tango se hace presente: el amor, la vida entera, la tarde triste, deliciosas criaturas perfumadas, las estrellas, una lágrima asomada, hondas horas de dolor, el coraje de querer, la pena inaudita, boquitas azules, violáceas, negras, el irse en silencio, el centinela de una promesa de amor, las horas que pasaban y que ya no volverían más, el azul de atardecer, el soplo de la vida, la errante sombra que buscaba y nombraba ¿a quién?, son claros indicios de un fracaso hipertrofiado por el ansia de superación. Toda la narración converge hacia tal objetivo; la voracidad insana impera en los personajes, más acentuada en Juan Carlos y de alguna manera y por ósmosis en Nené. El autor utiliza estos epígrafes para acercar al lector y de esta manera como él lo dijera, intentar una nueva forma de literatura popular.

Nos preguntamos además, ¿qué se propone el autor, con el texto de todos estos epígrafes? La respuesta no se hace esperar: La descripción absoluta de una directa caída hacia la derrota.

La cronicidad creada por el autor establece el máximo condicionamiento que deviene en el paso del tiempo, lento y minucioso y que, indeclinablemente, va hacia el derrumbe.

Siempre parece haber una esperanza, sin embargo, pero luego el autor se encarga muy bien de desbaratarla; hasta la visita a una gitana es un elemento utilizado para describir, en el vaticinio, primero un corazón blanco, luego un corazón podrido hasta terminar diciendo que a los billetes se los llevan los muertos.

¿Qué otra cosa está enferma en la narración?

El matrimonio como institución está desdibujado. La muerte y la oscuridad tiñe todos los rincones: Nené culpa a la viuda Elsa Di Carlo, que tenía amoríos con Juan Carlos, como la asesina real del mismo; Mabel se casa, ya jubilada da clases particulares en el barrio de Caballito, y luego aparece el personaje de un nieto al que debe ayudar porque tiene parálisis infantil, Nené se casa con un marido apático, ve a sus hijos “feuchos”, Doña Leonor está casi ausente y es un ser despreciativo, la Raba es violada, mata al padre de su hijo aunque sale ilesa de culpa y cargo, una más de las tantas contradicciones, luego el autor narra que tiene 4 hijastros, de los que tiene 11 nietos más 3 nietos de su hijo Pancho y el inminente casamiento de su hija Ana María; Celina, la hermana de Juan Carlos, demuestra su maldad y resentimiento enviándole al marido de Nené cartas enviadas a su madre, Doña Leonor, donde Nené manifiesta su disconformidad en el matrimonio, lo cual le causa un perjuicio a Nené, finalmente Celina se queda soltera, menoscabada por la vida.

¿Tal vez sea natural que ningún personaje reniegue de su destino?. Sólo una vez Juan Carlos manifiesta que el temor más grande era morirse. Allí el autor parece humanizar al personaje pero luego y muy pronto lo vuelve indiferente, esquivo, poco comprometido con su salud, irresponsable y a la vez lo describe como un niño deseoso de que le sobrevengan tiempos mejores, sin embargo él nunca se ha encargado de sembrar nada con anterioridad para que ello ocurra.

Sobre el final se produce un breve racconto de años que se sucedieron donde muchos han muerto, los hijos de Nené se han convertido en profesionales y la misma narración se vuelve circular ya que cierra con la noticia de la muerte de Nené de sólo 52 años, por un cáncer en la columna vertebral,,es decir concluye con la necrológica de la misma.

El fluir de la conciencia, que aparece en el final de la novela, con frases que se hallan desparramadas a través de la historia narrada, denotan las extrañas simetrías de los personajes embuídos de una melancolía y una fuerza centrífuga que los lleva, a muchos de ellos, al fracaso y a la muerte. También las cartas terminan siendo incineradas….porque el fuego lo quema todo…hasta las palabras; sabemos las múltiples significaciones del fuego, del latín focus: hogar) considerado por los filósofos presocráticos como uno de los cuatro elementos de la naturaleza y podríamos asociarlo en este caso a la ira, la destrucción, el fin de una etapa, lo muy vivo que termina extinguiéndose, unido al concepto del fuego sagrado de los antiguos dioses que lo consideraban. QUE IMPLICA EL FUEGO???

 

CONCLUSIONES:

 

  1. En el tratamiento de la presencia de la enfermedad en la narración Puig exalta una serie de contradicciones en los personajes y con ello desnuda las significaciones más íntimas por lo que causa un efecto de distancia y acercamiento a la vez con el lector.
  2. La atmósfera de la novela desde el comienzo está signada por la muerte y múltiples términos son inherentes a la misma siendo esta una impronta del dramatismo que el autor ha elegido para la misma.
  3. Se podría afirmar que la novela no sólo se puede leer linealmente sino que en su interior subyace otra historia, como un juego de cajas chinas, interviene lo social, lo económico, lo cultural y lo existencial.
  4. ¿Cuál es la verdadera enfermedad en Boquitas pintadas? Sin lugar a dudas no es la tuberculosis de Juan Carlos o el cáncer del padre de Nené o de ella misma o cualquier otra enfermedad mencionada a lo largo de la novela sino es esa singular soledad de los seres humanos, la lucha por vivir, las esperanzas, las frustraciones, el sentido de pertenencia, las pérdidas, los fracasos y la extraña conciencia de saber que siempre se está solo frente a la muerte.

Bibliografía:

(1) Silvia Santana Edición Diana París – Planeta

(2) Salvat Editores SA (1972)

(3) Salvat Editores SA (1972)

(4) Salvat Editores SA (1972)

Análisis del cuento DESARTICULACIONES de Sylvia Molloy.

Por Graciela Licciardi

  • La gran metáfora del cuento es la palabra como nexo coordinante y también de la desarticulación que se produce ante la ausencia de dicha palabra.
  • Fuerte conexión entre mente-cuerpo-palabra-comunicación.
  • La autora apela constantemente a la palabra escrita, a la palabra oral y a la ausencia de palabra y la instala como “salvadora”.
  • Exacerbación de la ironía.
  • Diversas interrogaciones aparecen a lo largo de la narración sobre la identidad, el lenguaje, el pensamiento y la lógica como si todo ello cayera al vacío.
  • Existen varios simbolismo sobre cómo el ser se aferra a la vida a pesar de todo.
  • Hay una descripción deliberada acerca de la delicadeza de modales, la constancia en las frases que enamoran al otro y un sentido de justicia o racionalización de la discriminación:”Raza fina tiene la gente buena”.
  • Hay un sentido de pertenencia cuando habla de la casa a pesar del derrumbe de pensamientos.
  • La mente opera por referencia, una manera de asir, todavía, la realidad.
  • Para el personaje que está enfermo recibir una contradicción le altera el orden interno establecido.
  • Hay una búsqueda de permanencia en el dramatismo de la narradora, sin embargo en el texto no hay dolor.
  • Para el enfermo el lenguaje comienza a metaforizarse frente a una realidad incontrastable.
  • Hay implícita una vergüenza social, la imposición y negación de la realidad en la que no se admite del todo el estado del paciente que pierde consistencia mental.
  • La autora va recopilando las diferentes manifestaciones del lenguaje para luego desarticularlo.
  • Habla de “momentánea identidad” que por traslación lo identifica al personaje como a sí mismo traducido al uso de otro lenguaje.
  • La autora busca atenuantes con el hecho de traducir a otro lenguaje lo dicho o escrito.
  • Hay una gran significación social, a mi entender, es como si todo el relato mostrara también la Historia de los pueblos que se desarticula por ser interpretada y cuestionada de otra manera.
  • El personaje tiene inteligencia, intuición, conocimiento y cultura. Es un ser activo y habla del metalenguaje cuando dice que “no le costaría corregir el estilo de un texto, aún cuando no entendiera nada de lo que dice” por lo que se deduce que habla de algo del orden de la automatización, el conocimiento perdura, queda instalado para siempre. El enfermo aparece como alguien con formación académica y creatividad.
  • La presencia seccionada del texto es elegida deliberadamente por la autora como metáfora de la partición de la mente.
  • Hay una dicotomía manifiesta en el manejo de la temporalidad y un realce de las dificultades del lenguaje.
  • Existe una provocación a la memoria y hace referencia a lo popular y cómo la memoria lo fija.
  • Una parte muy importante del texto es la exclusión de testigos en la vida de los personajes. Una suerte de enjuiciamiento y culpa.
  • La autora trabaja con la mirada del otro ante la pérdida de la misma entonces recurre a tratar de mejorar el relato en lo que pudo haber sido y no fue. Reinventa la contradicción, desaparece, por lo tanto, la libertad narrativa.
  • Trabaja la teoría de que lo que se ve existe y la ceguera para ella es una metáfora cuando la compara con la desmemoria.
  • Reitera la contradicción, a mi modo de ver, la autora lo toma con mucha importancia como si ese hecho lo considerara una patología: la descalificación hacia el otro.
  • Es llamativa la aseveración: “pedidos de confirmación” porque la autora con ello describe el énfasis no sólo del deterioro del enfermo sino el del que lo acompaña en el proceso.
  • Describe la pérdida de la memoria como un referente del salto al vacío del que acompaña al enfermo, quien sigue necesitando identificación y reconocimiento.
  • Se buscan lazos cómplices de unión como una especie de empecinamiento subjetivo de no “aceptar” el deterioro del otro y a la vez hay una especie de rulo literario ya que el acompañante se siente abandonado por el enfermo.
  • El personaje que acompaña siente el afuera como hostil cuando expresa: “expresiones de pena”.
  • El nombre es otro elemento importante que la autora resalta. Nombrar las cosas o los seres para que existan.
  • Aparece lo filosófico cuando describe las dos desintegraciones del yo, la del enfermo y la del acompañante. La pérdida irreparable de la identidad.
  • Hay una minuciosa descripción de la necesidad del personaje enfermo en completar los hechos con exactitud.
  • Existe una terrible obsesión en la descripción de la “memoria de las manos”. Cada cosa debe estar en el mismo lugar y en una forma determinada.
  • Hay un juego del significante y del significado en la descripción de la regresión absoluta.
  • Cuando se produce la fractura deviene el extrañamiento del propio cuerpo y del lugar de las cosas de pertenencia.
  • Cuando la autora escribe “rellenar para no ceder al pánico” lo entiendo como la clave para no sentir el salto al vacío de ambos personajes, alusión a una lucha interna entre el esfuerzo por recordar, referencia a Funes el memorioso de Borges y finalmente el pánico a la repetición del personaje acompañante a quedar presa de la patología del enfermo.
  • La autora escribe “la memoria no necesariamente cura” entonces podríamos preguntarnos: ¿es esta una sentencia inequívoca, acoso entonces se recuerda y se sufre?
  • Teoría de que no somos lo que fuimos sino lo que recordamos que hemos sido o ha sucedido. El recuerdo del recuerdo.
  • Descripción en el relato en forma encubierta de la cárcel de la mente como el arresto arbitrario de las ideas.
  • Una especie de Proceso Kafkiano del cercenamiento de la razón y la gran metáfora de militarización que la autora misma nombra de la década infame en nuestro país.
  • Hay una exacerbación en el relato cuando describe que al soñar lo que podría ser posible con la ilusión que el hecho de la sanidad suceda, como si al desear algo eso bastara para que se cumpla a la vez significando todo ello un sentimiento de impotencia.
  • Por último aprecio que el final es contundente y a mi entender encierra el significado de todo el cuento: La desmemoria total es la que salva, de otro modo se vive desarticulado.

Análisis de “La muerte» de Ivan Ilich.

Por Graciela Licciardi

Ironía en el lenguaje: El muerto es él, no soy yo – Asistir al funeral por el deber y fastidioso decoro. El muerto yacía como siempre hacen los muertos –

Todo el texto está cargado de una minuciosa descripción del mobiliario, de los gestos, de las miradas, hasta de la interioridad de cada personaje, es una tercera persona que sigue a la primera como una cámara de cine. Oficio de difuntos: velas, gemidos, incienso, lágrimas, sollozos. (sarcasmo)

Descripción de Iván Illch: capaz, alegre, benévolo y sociable, aunque estricto en el cumplimiento de lo que consideraba su deber; y, según él, era deber todo aquello que sus superiores jerárquicos consideraban como tal. No había sido servil ni de muchacho ni de hombre, pero su filosofía de vida era acercarse a las gentes de elevada posición social, apropiándose sus modos de obrar y su filosofía de la vida y trabando con ellos relaciones amistosas, no alteró en lo más mínimo la elegancia.

Transformación del personaje por las acusaciones e instigación de su mujer. Era un ser que hacía abuso de su poder.

Iván Ilich se sentía abandonado de todos. Sólo él sabía que con el conocimiento de las injusticias de que era víctima, con el sempiterno refunfuño de su mujer y con las deudas que había empezado a contraer por vivir por encima de sus posibilidades, su posición andaba lejos de ser normal. Luego vino una tregua en el matrimonio.

Después cuando contrajo la enfermedad comenzó a sentir siempre que los días eran una tortura. Y vivir así, solo, al borde de un abismo, sin nadie que le comprendiese ni se apiadase de él.

En su interior se hacía muchas preguntas: Cuando yo ya no exista, ¿qué habrá? No habrá nada. Entonces ¿dónde estaré cuando ya no exista? ¿Es esto morirse? No, no quiero.»

«Hay algo que no va bien. Necesito calmarme; necesito repasarlo todo mentalmente desde el principio. ¿De veras que es la muerte?»

El espanto se apoderó de él . Iván Ilich vio que se moría y su desesperación era continua. En el fondo de su ser sabía que se estaba muriendo, pero no sólo no se habituaba a esa idea, sino que sencillamente no la comprendía ni podía comprenderla.

Comenzó a llamar “aquello” a eso inexplicable que le sucedía. El mayor tormento de Iván Ilich era la mentira, la mentira que por algún motivo todos aceptaban, según la cual él no estaba muriéndose, sino que sólo estaba enfermo, y que bastaba con que se mantuviera tranquilo y se atuviera a su tratamiento para que se pusiera bien del todo. Consideraba a la mentira como algo indecoroso (algo así como si un individuo entrase en una sala esparciendo un mal olor).

Veía que nadie se compadecía de él, porque nadie quería siquiera hacerse cargo de su situación. Únicamente Gerasim se hacía cargo de ella y le tenía lástima; este le decía la verdad: Todos tenemos que morir. ¿Por qué no habría de hacer algo por usted.

Iván Illich quería que le acariciaran, que le besaran, que lloraran por él, como se acaricia y consuela a los niños. Ya nada importaba que fuera mañana o tarde, viernes o domingo, ya que era siempre igual: el dolor acerado, torturante, que no cesaba un momento; la conciencia de una vida que se escapaba inexorablemente, pero que no se extinguía; la proximidad de esa horrible y odiosa muerte, única realidad; y siempre esa mentira.

El personaje se debatía entre la esperanza y la certeza de la cercanía de la muerte y en el relato vemos cómo el autor relata minuciosamente todas aquellas preguntas que un ser puede llegar a hacerse a sí mismo sobre la vida que vivió, si lo hizo en vano, sí hubo algo verdadero, si todo lo que hacían los que estaban a su alrededor lo hacían por él o por sí mismos.

La descripción de todas las sensaciones están maravillosamente logradas como esta imagen: “Le parecía que a él y a su dolor los metían a la fuerza en un saco estrecho, negro y profundo, pero por mucho que empujaban no podían hacerlos llegar hasta el fondo, y esta circunstancia, terrible ya en sí, iba acompañada de padecimiento físico. Él estaba espantado, quería meterse más dentro en el saco y se esforzaba por hacerlo, al par que ayudaba a que lo metieran. Y he aquí que de pronto desgarró el saco, cayó y volvió en sí.

El hecho de que gerasim le sostuviera las piernas en alto para mí es todo un simbolismo de piedad, a pesar de todo Iván nunca quiso llorar delante de él. Lloraba a causa de su impotencia, de su terrible soledad, de la crueldad de la gente, de la crueldad de Dios, de la ausencia de Dios.

El relato alcanza su punto culminante cuando comienza a cuestionarse toda su existencia de la que muchas respuestas quedan inconclusas frente al enigma de la vida y la muerte.

«¿Qué es esto? ¿De veras que es la muerte?» Y la voz interior le respondía: «Sí, es verdad.» «¿Por qué estos padecimientos?» Y la voz respondía: «Pues porque sí.» Y más allá de esto, y salvo esto, no había otra cosa. Y la descripción mayor es la del los dolores morales que eran más que los físicos ante semejante pregunta: «¿Y si toda mi vida, mi vida consciente, ha sido de hecho lo que no debía ser?»

Estuvo resistiendo durante 3 días en ese saco negro hacia el interior del cual le empujaba una fuerza invisible e irresistible. Resistía como resiste un condenado a muerte en manos del verdugo, sabiendo que no puede salvarse; y con cada minuto que pasaba sentía que, a despecho de todos sus esfuerzos, se acercaba cada vez más a lo que tanto le aterraba.

La justificación de su vida lo retenía, no le dejaba pasar adelante, y era el mayor tormento de todos. Y el momento epifánico lo alcanza cuando advierte que hay misericordia dentro de él porque admite que les tenía lástima a todos, era menester hacer algo para no hacerles daño: liberarlos y liberarse de esos sufrimientos y allí comprendió que ese era el máximo dolor pero que nunca lo había registrado hasta que al fin murió. Soltó la vida.

Análisis de “La engañada”.

Por Graciela Licciardi

  • Rosalie romántica y amante de la naturaleza, viuda, se contrapone a su hija, excéptica, fría, artista plástica del cubismo (podríamos decir?).
  • Desafío de la madre a la hija: que pinte Aroma de los tilos, cinestesia.
  • Apreciaciones de la hija: cuerpo y alma son una misma cosa; lo psíquico no es menos naturaleza que lo físico. La naturaleza abarca también lo psíquico, de manera que no hay que temer que el alma deje de armonizar por mucho tiempo con los cambios de tu cuerpo.
  • Se debe considerar lo psíquico como una emanación de lo corporal.
  • Extrañeza acerca de que en la vida fuera la timidez la norma que rigiera las relaciones entre la juventud y la edad madura. La juventud se manifestaba reservada frente a la vejez, porque no esperaba, de la dignidad de ésta, comprensión del verde estado de la vida, en tanto que la vejez se sentía tímida frente a la juventud porque, a pesar de admirarla sinceramente como juventud, debido a la dignidad propia de los años, se consideraba que era menester ocultar su admiración detrás de las burlas de una falsa condescendencia.
  • La madre llama la primavera de dolor al hecho de sentir pasión por alguien del sexo opuesto.
  • La hija tiene esta visión: “Esta desdichada pasión te está matando; lo veo, lo oigo en tus palabras”.
  • La madre considera un triunfo de la naturaleza que se antepone a la vejez el “aparente hecho de una menstruación. “Vuelvo a ser mujer, vuelvo a ser una mujer en su plenitud, una mujer apta, que puede sentirse digna de la viril juventud que me ha hechizado”.
  • Oposición de la hija, enjuiciamiento, cuando dice: “Pero la armonía entre la vida de uno mismo y las innatas convicciones morales es, al fin de cuentas, aun más necesaria, de manera que, si se destruyera, el resultado que se seguiría de ello no sería sino la destrucción del espíritu, lo cual significa: infelicidad.
  • Una pregunta clave en la trama: “¿Es que la dicha es una enfermedad? Desde luego que no se trata tampoco de ligereza de ánimo, sino que es vida, vida, en las delicias y en los dolores; y la vida es esperanza … la esperanza sobre la cual no puedo dar, a tu intelecto, ninguna explicación”.
  • Arcada reflexión de Anna sobre su propia actitud hacia la madre: “Se preguntaba si ella misma, que había anhelado fervientemente en otra época el placer de los sentidos aunque sin haber llegado nunca a conocerlo, no se lo había envidiado secretamente a su madre y si, por tal motivo, valiéndose de falsos argumentos intelectuales, la había persuadido a guardar castidad. No, no podía creer tal cosa de sí misma, pero lo que veía la turbaba y le pesaba en la conciencia”.
  • Aparece el engaño ya en la dicotomía entre vivir el placer, las costumbres de la época, el sarcasmo, la infelicidad y la mutilación de los sentimientos.
  • Y la gran reflexión final de la madre frente a la terrible enfermedad fue: “La naturaleza, a la que siempre amé, ha distinguido con amor a su criatura”.

COMENTARIOS: Lágrima hueca

Cristina Pizarro

Los pilares de “Lágrima hueca” son el cuerpo, el deseo, la fuerza del amor. Cada microcosmos se perfila con un movimiento, siguiendo un tempo musical intermitente en donde el dolor muestra su llaga y sólo se mitiga en la necesidad de aprehensión sensorial de los seres y las cosas.

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Alejandro Elissagaray

Nuestra experiencia vital en un mundo regido por las contradicciones y los absurdos de toda índole nos demuestra hasta qué punto la realidad transitada cotidianamente oculta una trama de ficción que pone en jaque cualquier principio de certeza. Y esto es así pese a los traumáticos acontecimientos históricos que golpean nuestra conciencia y nuestra memoria.

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Lágrima hueca/Alejandro Elissagaray

Alejandro Elissagaray

Nuestra experiencia vital en un mundo regido por las contradicciones y los absurdos de toda índole nos demuestra hasta qué punto la realidad transitada cotidianamente oculta una trama de ficción que pone en jaque cualquier principio de certeza. Y esto es así pese a los traumáticos acontecimientos históricos que golpean nuestra conciencia y nuestra memoria. Guerras, opresión social, dictaduras de diverso color político, hambre y epidemias, se nos presentan como fenómenos concretos de la realidad. En medio de estos procesos, anida el individuo, alienado, desestructurado o tal vez demasiado estructurado, sumergido en el infortunio de paladear el vacío de la existencia como un manjar lúgubre. Entonces, aflora el dilema hamletiano de ser o no ser. Pero, en definitiva, ¿qué es ser?, o más aún, ¿cuál es el límite preciso entre lo real y lo ficcional, entre lo subjetivo y lo objetivo?, ¿cómo aproximarnos al conocimiento?, ¿a través del itinerario del alma o del cuerpo, del sueño o de la vigilia, de la razón o la pasión?, ¿en qué medida estos planteos ontológicos y gnoseológicos nos sirven para comprender la esencia humana?.

Quien lea con detenimiento “Lágrima hueca” de Graciela Licciardi, tendrá la oportunidad de abordar estos implícitos interrogantes suscitados con fineza por la autora a lo largo de esta penetrante novela.

Licciardi nos interna en una zona de claroscuros, donde la exploración del yo pareciera constituir un andamiaje central de su propuesta narrativa. Un yo agonista, que tiene frente a sí un no-yo – expresado en los términos del idealismo alemán- que lo limita en su afán de expresarse plenamente. En nuestro caso, ese no-yo está algo desdibujado, pero no por eso deja de ser un elemento concreto; lo representan del mismo modo el pasado y el presente tumultuosos deLaura, la protagonista principal, con sus conflictos y sus ruinas existenciales.

Esta “historia hecha a golpe de alucinaciones”, como muy bien la define la novelista, exhibe a sus personajes como individuos sedientos de estímulos: su hilo conductor es el ascendente erotismo que nos interna en un microclima de almas erosionadas por el desamparo, y acosadas por sus propios fantasmas. Es por este motivo que en Lágrima hueca, la indagación del marco individual se asocia estrechamente con el enfoque discursivo y el grado de perceptibilidad que el texto sugiere. Se observa un lúcido desquiciamiento del juego narrativo que apunta a relativizar el concepto de normalidad de lo real. La desestructuración de las voces de los protagonistas, a través de un ingenioso zigzagueo de las personas verbales, intenta reflejar el nivel de confusión al que nos somete una sociedad edificada en el sinsentido y el quiebre de valores.

La alternancia entre la primera y tercera persona pareciera estar destinada a reflejar la incontrolable tensión interna que nos impide visualizar los límites éticos y cognoscitivos diseñados por el hombre. Tal vez, esta conforme una de las características sobresalientes de la historia. El inestable derrotero de Laura y Lucía, en sus experiencias e intramundos, las introduce en un territorio que las acerca más a la desorientación que al conocimiento profundo de todo aquello exterior a ellas e integrante del campo real. La desarticulación emocional se torna, pues, inevitable, así como también la consecuente diferencia entre lo subjetivo y lo objetivo. Ver sólo lo subjetivo implica necesariamente enfrentar los principios y valores impuestos para convivir de modo armónico con el resto de la humanidad. Pero por otro lado objetivizar en extremo supondría una desmesurada vinculación con el afuera que arrastraría a los personajes a olvidarse de sí mismos. He ahí uno de los interesantes intríngulis expuestos en Lágrima hueca.

El marco erótico surge como el elemento esencial de la novela que resuelve la fuerte confrontación entre el yo y el no-yo del cual hablamos inicialmente. La fuerza de la voz narrativa de Graciela Licciardi trasciende a la historia en sí; la vemos en el ingenioso equilibrio establecido entre su estética y su implícita cosmovisión. Todo el campo discursivo, todo su estilo, se halla fusionado con una posición filosófica, con una ideología. Las palabras adquieren vuelo propio, son libres de cualquier normativa rígida pero a la vez son reflejos de un modo de concebir el proceso narrativo. Los recursos expresivos son, por decirlo así, los destacados protagonistas de la novela. Metáforas e imágenes nos instalan en un vasto horizonte formal que no descarta la aproximación al discurso poético. Justamente, esto se da en especial cuando Licciardi nos adentra en el submundo del erotismo. El clima se torna visiblemente polisémico. La sexualidad no aparece de un modo brusco, supérfluo y meramente prosaico. Da la impresión de que la autora la concibiera dentro del plano superior de las cosas, una suerte de universo profundo donde caben todas las realidades del alma humana. Veamos a continuación un fragmento que testimonia cabalmente lo expuesto:

“Entonces comenzó el juego, lento, perseverante. Elegimos estar en silencio, descubriéndonos poco a poco. Las sombras de la habitación iban creciendo; todavía no habíamos alcanzado a definir nuestros contornos. Nos respiramos, nos olimos. Todavía era pronto para que quedáramos al descubierto. La seda de la enagua iba y volvía con cada movimiento. Hay unas piernas blancas en un fondo de la red, negra; hay nada más que eso. El espejo extiende el tiempo, lo hace más profundo y nos vemos en él como si fuéramos inmortales”.

Es evidente la poeticidad que Licciardi incorpora en las secuencias eróticas: fulgura, palpita, disuelve laberintos, permite comprender lo esencial. Entonces lo erótico abandona el carácter profano, se aproxima a lo sacro, a lo ritual, y armoniza las contradicciones existenciales que nos predeterminan en nuestro complejo transcurrir en el mundo. El conflicto psicológico cede o al menos se alimenta de una instancia menos visceral y más mágica, aflora con el ritmo de la tempestad y de la música a la vez. Lo erótico aflora como una respuesta estética e ideológica a los grandes interrogantes de todos los tiempos. La búsqueda de la verdad, la muerte, la existencia, la esencia, el tiempo, preocupaciones recurrentes a lo largo de la historia de la humanidad, se refugian en el contacto de los cuerpos, en la inquieta presencia del deseo. Lo femenino se fusiona con lo masculino en una danza de la sensualidad que se parece más al sueño que a la vigilia. Lo femenino se fusiona con lo femenino en un intento por recobrar la fuente de lo humano, la piedad, el consuelo, el auténtico respirar.

Graciela Licciardi ha sabido demarcar con maestría un amplio e intrincado cosmos de contenidos. Su novela Lágrima hueca, signa un rumbo, un despertar de la conciencia, nos hunde en las regiones del placer y aplaca las abismales tentaciones a la desdicha o a la pesadilla. Pero también nos recuerda aquello que sabiamente sostuvo Lucio Anneo Séneca: “La vida es como una leyenda; no importa que sea larga, sino que esté bien narrada”

 

Alejandro Elissagaray (poeta – ensayista – profesor)

Lágrima hueca/Cristina Pizarro

Cristina Pizarro

Los pilares de “Lágrima hueca” son el cuerpo, el deseo, la fuerza del amor. Cada microcosmos se perfila con un movimiento, siguiendo un tempo musical intermitente en donde el dolor muestra su llaga y sólo se mitiga en la necesidad de aprehensión sensorial de los seres y las cosas. El doble se erige en la trama, hay una búsqueda de saciedad en el lenguaje que construye un universo que es y prepondera la valoración estética de lo nimio. La novela nace de la captación artística de la realidad; se acerca a lo cotidiano.

La multiplicidad de los planos se refleja en la descripción de los actos que pone de manifiesto la pasión de los personajes. Hay una fascinación por el lenguaje hablado, que vislumbra una capacidad estética de rutilante lirismo sensual y erótico. La naturaleza instintiva enmarca resonancias de una realidad sexual, unida a la angustia, la soledad humana y metafísica.

Se parte de un mundo vacío que se abre a nuevos territorios que bucean y se hunden en lo entrañable del ser y que se revela en el contacto de los cuerpos permanentemente. La caricia, el beso y la penetración se convierten en expresiones imprescindibles que se igualarán a la lectura y escritura.

En el deseo indómito se yerguen los personajes modelados con la materia, en la interrogación y la duda, para dejar en libertad la iluminación del ser del hombre.

La complejidad de la existencia se condensa en la arquitectura de la novela donde se destaca en primer plano, la fusión de los cuerpos iluminados por el devenir y la pasión.

Las vicisitudes del destino y el conflicto de las pasiones alcanza el tope de instancias de locura y desesperación, en sentido trascendente de la realidad reflejada.

Los fantasmas, los monstruos, la obsesión, los muertos a través de las fotos y el recuerdo, la sombra, la otredad, el doble, los juegos eróticos con los disfraces, conforman una cadena semántica alrededor del deseo y el dolor exaltados con imágenes muy sensuales donde la seducción de la palabra, la mujer en soledad, lo instintivo en la “repugnante ternura” hacia un viejo, unidos a la crueldad y el sadismo del hombre animal y viril describen una marcada violencia. Actitudes aberrantes, la mordida y la sangre, realzan aún más el erotismo, la piedad y la compasión de los personajes; las relaciones lésbicas, los cuerpos dominados-dominantes, el travestismo, la inversión de roles adquieren un relieve metalingüístico que prepondera el juego a modo de cajas chinas, siempre hay algo más por descubrir. En “Lágrima hueca” el significado de hacer el amor es “exilio perpetuo en el cuerpo del otro”. En síntesis, es una novela de un erotismo y sensualidad estética y filosófica digna de ser apreciada con frución.

 

Cristina Pizarro (Escritora – Poeta – ensayista – Licenciada en Educación con doctorado en Literatura Infantil)

Sueños de Águila/Cristina Pizarro

Cristina Pizarro

Sueños de águilas representa un título emblemático que nos lleva a un espacio elevado, en tanto que los sueños pertenecen al territorio de las alturas, no son pesadillas que van hacia lo subterráneo, sino sueños que se desean alcanzar, y que desde el estado de vigilia se podrán tornar proféticos para concretarlos en el mundo cotidiano.

El criterio de realidad que impera en todo el libro se fusiona con la visión del soñar que elegirá el camino de las águilas,  ave de Zeus, cuyo papel de reina del cielo se liga a los ángeles y además, está presente en los ritos de las distintas culturas primordiales de América y otros continentes.

Graciela Licciardi entreteje con  maestría de poeta,  narradora  y su compromiso espiritual, la enunciación de los pasos que guían el camino del guerrero,  con el encanto de los relatos de leyendas indígenas y narraciones que nos abren el panorama para comprender nuestra vida interior.

Es en la conjunción del neg-ocio,(negotium) es decir, lo que se opone al ocio, y el reconocimiento de los valores que integran los lazos de la tarea grupal y comunitaria, donde se eslabonan y perfilan los rasgos necesarios, para ir construyendo esa identidad basada en el amor genuino, fruto de la fe y la esperanza.

Graciela Licciardi destaca el rol del líder que se constituye en orientar la disciplina, la organización de las distintas etapas de trabajo, con una planificación estratégica que prioriza las competencias individuales dentro del contexto social y familiar.

La fluidez en la comunicación, entendida como proceso en que emisores y receptores se unen, a través de canales abiertos que permiten la retroalimentación, para dar cabida a una gran cantidad de mensajes, que necesitan ser explícitos para evitar la ambigüedad y las malas interpretaciones, destacando en la escritura, Graciela, que la palabra encierra una multiplicidad de significados, apoyados por el gesto, la entonación y los registros de la voz, siendo ésta  como el rostro, un  espejo de nuestras almas.

Graciela, a través de Ezequiel, el personaje del Águila, que todo nos relata, nos lleva a reflexionar sobre lo que es el líder, que puede ser también cada uno para sí, ese líder que  contagia su entusiasmo, en cuya etimología, se vislumbra el “arrobamiento, el éxtasis, la inspiración divina (derivado de theos, dios)”, promueve la resolución de problemas según los conflictos que se vayan generando; favorece la selección de prioridades; encauza la evaluación de las acciones realizadas; incita a aprender, a enseñar, a enseñar a enseñar; estimula la flexibilidad del pensamiento lateral y divergente; fortalece los vínculos en momentos de decaimiento de la vitalidad, alentando la necesidad de seguir adelante, incentivando la paz interior en un camino de liberación para romper ataduras que empobrecen y estancan el crecimiento del camino hacia el éxito, que requiere que surja desde el corazón, en donde la culpa no debería tener cabida.

El libro “Sueño de Águilas” remarca esa instancia para ayudarnos a comprender que “cada uno es líder de su propia vida” a través del símbolo del agua cuya siglas nos dictan, H2O, Humildad, Honestidad y Osadía para el dar y el recibir, sin tener miedo a la libertad.

Los testimonios que se transcriben de distintas personas comprometidas con el proyecto enriquecen el libro, con el sustento de una praxis posible que transforma en realidad los Sueños de águilas  que nos narra Ezequiel y que hace que este libro sea una lectura imprescindible para todos nosotros.

Cristina Pizarro (Escritora – Poeta – ensayista – Licenciada en Educación con doctorado en Literatura Infantil) Buenos Aires, 21 de septiembre de 2008

Sueños de Águila/Zulma Amín

Zulma Amín

El volumen “Sueño de Águilas” de Graciela Licciardi, se convierte para el lector en una guía directa hacia el respeto, la solidaridad, la integridad y la honestidad, instrumentados a través de la premisa declarada del amor, como el camino adecuado, el que conducirá al desarrollo de todas las potencialidades del ser; abarcando todas sus áreas de expresión.

Así, a través del amor, como lo expresa tan claramente la autora, los seres humanos podremos llegar al éxito a escala personal y espiritual, a la vez que igual desarrollo se producirá en otros planos vibracionales, que no pueden ni deben ser desdeñados, por cuanto hacen ellos también a la existencia de las personas y a nuestra medida de la felicidad. Nos estamos refiriendo, entonces, a que el desarrollo pleno de los seres humanos de nuestro tiempo también deben incluír el éxito a escala profesional y económica.

Es de destacar esta actitud positiva e inteligente de Graciela Licciardi, quien no obvia las facetas “materiales” de nuestra existencia, como parte de la felicidad entendidas como objetivo general a alcanzar.  Por el contrario, su libro “Sueño de Águilas” integra en ocho pasos el camino a seguir, guiados por el amor, para triunfar en el sentido cabal de la palabra, en todos los complementarios escenarios que conformen nuestra vida.

Estos ocho pasos como los ocho caminos que enseñó Buda para la liberación del mundo de los sentidos- son sencillos y claros en la expresión que hace de ellos la autora, quien señala además la vía práctica para dar adecuadamente dichos pasos.

El lector encontrará en “Sueño de Águilas” no sólo la teoría, magistralmente explicada por Licciardi que sustenta estas enseñanzas, sino también el modo disciplinado y correcto de iniciar mediante los pasos que nos propone seguir hacia el objetivo a encontrar, el que, en definitiva, consiste en captar la esencia, liberada de trabas y de obstáculos, tanto materiales como espirituales, expresándose en toda su maravillosa magnitud.

En resumen, “Sueño de Águilas”, de Graciela Licciardi, se ofrece al lector como una literatura imprescindible para resolver no sólo los enigmas que, respecto de nosotros mismos, nos planteamos continuamente, sino también como medio más transparente, directo y sincero para conocernos, apreciar nuestras verdaderas posibilidades y potencialidades, y asimismo, llegar a una plenitud que se define claramente en una sola palabra: felicidad, orientada y sostenida por el amor, y capaz de ser trasmitida a los demás por nuestro vivo ejemplo.

Un libro que todos debemos conocer y apreciar en su magnífica dimensión y un aporte invalorable a la evolución personal y colectiva de la humanidad.

Zulma Amín  (escritora y pensadora filosófica)